Rompo mi lanza en favor de BlackBerry
Soy defensor a ultranza de las BlackBerry. Todos lo sabéis, y por eso no me duelen prendas a la hora de defender a los de Waterloo. Mis comunicaciones se basan en sus servicios, y esto me otorga una tranquilidad y una paz de espíritu que los que no las necesitéis, no podéis saber a qué me refiero. En serio, no podéis.
La han cagado. Vale. ¿Y qué? Es decir… obviamente que la han cagado, llevamos (ya) tres días sin servicio. Pero en todas partes cuecen habas. En todas partes hay accidentes. Eso significa que las cosas funcionan, que hay gente que trabaja. Si no fuera así, no pasarían cosas, y viviríamos aún en la Edad Media, intercambiándonos mensajes a través de palomas mensajeras.
Y (ohhhhhh… wait…) los plumillas de medio mundo, amén de los copiapegas digitales que sólo saben vomitar notas de agencia, empiezan ya a tocarme los bemoles.
Sea culpa de una persona, de dos, de diez, o de un granjero analfabeto de Slough que haya levantado por los aires con su arado decimonónico el cable directo que ha cortocircuitado todos los servidores de RIM en Canadá (backbones incluídos); esto no es el final de BlackBerry, ni much0 menos… ni cabe menospreciar en absoluto la calidad del servicio o su seguridad. Al menos, no han dejado circular libremente por ahí los datos privados de sus usuarios, como sí ha pasado con Sony PSN, o últimamente aquí en España con BuyVip.
Ojalá todos aquellos que hoy rugen, braman, mugen, rebuznan y echan espumarajos por la boca contra BlackBerry se den de baja. Qué descanso para quienes no queremos que se nos meta en su mismo saco de “ah sí, todos los amigos de mi hijo de trece años tienen una”. A los Usuarios de BlackBerry, Usuarios con mayúsculas, nos sobran quinceañeros repletos de granos, o perroflautas de chicha y nabo que sólo hacen comparaciones estúpidas y vacías de contenido con otras plataformas.
En su intrínseca ignorancia creen que utilizar una BlackBerry debe compararse con usar un juguete repipi con una manzana podrida dibujada, o un marciano verde snob que pretende ser lo que no puede. La seguridad es el eje fundamental del servicio BlackBerry. Lo “social”, lo “guay”, ha venido añadido, para mantener una posición respetable en el cesto de manzanas. Los que hemos visto profesionalmente crecer este servicio desde sus orígenes, sabemos que una BlackBerry es una herramienta de trabajo, y no un juguete.
Si quieren jugar, que se compren el cachivache de moda y hagan cola durante la noche como los pobres indigentes ante una tienda de cristal o en un rancio edificio repintado en la zona noble de Valencia el 28 de octubre, si lo prefieren. Al menos, a los indigentes, maldita sea su fortuna, no les queda otro remedio que dormir al raso. Los fanboys se sienten realizados rezando a su dios.
Los que de verdad apreciamos la seguridad y confianza que nos da el saber que desde Waterloo han acorazado nuestras comunicaciones, sabemos que esto es un mal viento, y que no sólo se resolverá en tiempo y forma; sino que además también servirá para que tras una concienzuda auditoría, nuestra vida digital móvil estará todavía más blindada si cabe, con un nuevo resurgir que devolverá a Research in Motion a la posición de liderazgo que jamás debió perder.
Son mis dos céntimos. Que a nadie le moleste. Y si le molesta, pues me da igual: bastante he tenido que escuchar yo de ellos como para preocuparme.
Espero volver a ver pronto el símbolo BB junto a mi indicador de cobertura.






